ilustración en la que se ve a Newtón sentado debajo de un manzano. Pero en vez de una manzana... le cae un violín

Autofavoritismo...

"Las investigaciones de la psicóloga de la Universidad de California Shelley E. Taylor demuestran que una opinión positiva de uno mismo, aunque no sea totalmente realista, es un rasgo caracterológico muy útil, porque nos ayuda a superar las adversidades cotidianas, a alimentar la esperanza, a sentirnos satisfechos con la vida en general. Una estratagema muy común para reforzar nuestra autoestima consiste en resaltar y valorar los aspectos positivos de uno mismo mientras, más o menos conscientemente, en nuestro interior nos proclamamos mejores que nuestros semejantes.

Nada parece más normal que la habilidad de los hombres y las mujeres para catalogarse por encima de los demás. En todas las culturas esta necesidad de destacar y el deseo de ser admirados aparecen pronto en la vida. Cuando juzgamos a otras personas, sin darnos cuenta nos comparamos con ellas. Inevitablemente, la opinión que albergamos de nosotros moldea la opinión que formamos de los demás. Lo habitual es considerarnos mejores que la mayoría. Estoy seguro de que a cualquiera que se le pida que compare su nivel de bienestar en general y lo cifre del 0 al 10, pensará que el suyo es mayor que el del prójimo, especialmente si se trata de un prójimo desconocido, abstracto o lejano.

Numerosos experimentos demuestran que en casi todos los aspectos socialmente apreciados solemos situarnos por encima del resto del grupo o gremio al que pertenecemos. Por ejemplo, nos inclinamos a considerarnos mejores conductores, mejores amantes, más creativos, más éticos y responsables que el promedio real. Tanto si somos ejecutivos como peones, la mayoría valoramos la calidad de nuestro trabajo por encima de la de los compañeros. Como señaló Taylor, estas comparaciones ventajosas no solo nos amparan de la desilusión, sino que tonifican nuestra confianza en nosotros mismos.

...Incluida la madre Teresa de Calcuta.

Me llamó la atención una encuesta de mil estadounidenses cristianos -realizada por la revista semanal U.S. News and World Report- sobre "las posibilidades de ir al cielo después de la muerte" de ciertas figuras famosas y de los mismos encuestados: el 79 por 100 de los participantes opinaban que la madre Teresa de Calcuta estaba en la gloria, el 65 por 100 identificaban también al baloncestista Michael Jordan como candidato al paraíso, y un 60 por 100 pensaban que la princesa Dianan de Inglaterra probablemnte esta disfrutando ya de las glorias celestiales. Y ahora la sorpresa: nada menos que el 87 por 100 de las personas consultadas se consideraron destinadas y merecedoras del reino de los cielos. En otras palabras, los encuestados pensaban que tenían más probalidades de ir a la gloria que todos los personajes, incluida la santa madre Teresa.

Resulta curioso comprobar que, pese a la abundante evidencia acumulada que demuestra cómo nuestra subjetivdad da lugar a una opinión bastante sesgada de nosotros y de los demás, la mayoría de las personas considera que sus opiniones son objetivas y equilibradas. No se les pasa por la cabeza ni siquiera una mínima posibilidad de que somos ciegos a nuestras distorsiones de la realidad.

Atribuimos nuestros logros a la propia competencia y nuestros fallos a la mala fortuna.

Proliferan los estudios sobre las curiosas explicaciones que damos las personas a los sucesos que más afectan a nuestras vidas. Por ejemplo, por qué rompimos con la pareja, qué causó que los hijos supendieran en el colegio, a qué atribuimos los problemas laborales o por qué perdimos una competición importante. En casi todos los casos, las razones o respuestas que aportamos suelen ser ventajosas para nosotros. En general, nos sentimos más responsables de nuestros éxitos que de nuestros fracasos. Atribuimos nuestros logros a la propia competencia y nuestros falllos a la mala fortuna. Y sin embargo, pensamos con toda naturalidad que nuestros contrincantes triunfan por casualidad o por suerte, y pierden por su ineptitud o falta de esfuerzo.

Esta propensión de las personas a verse en términos positivos ocurre incluso en circunstancias que ellas mismas no dirigen. Por eso muchos suelen atribuir a su talento sucesos positivos que dependen exclusivamente de la buena suerte".


No es lo que no tengo. Es lo que no soy.

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