
Asier lo trajo de la calle y lo metió dentro de una caja vacía de galletas.
—¿Me lo puedo quedar? —, le preguntó a su madre.
La madre de Asier sabía que lo gorriones no pueden vivir encerrados en una jaula.
—Sólo hasta que se cure y pueda volar… No puede ahora—.
Aquella tarde la pasó intentando alimentar a su gorrión. Llegó su padre:
—…Mamá ha dicho que puedo tenerlo hasta que se cure—.
Asier intentaba con dificultad alimentar a su gorrión; pero él no quería comer. Al observarlo dentro de la caja, vió algo en sus ojos: “¿Miedo…?”
Supuso que quizás como a él le daba miedo la oscuridad:
—No tengas miedo, no hay nada malo aquí dentro—.
Y le hizo unos agujeros a los lados de la caja un poco más grandes:
—Para que puedas ver—.
Y le dejó una luz encendida en la habitación.
Día a día intentaba intentaba cuidar a su gorrión. Se levantaba por las mañanas temprano, para verle, pero su gorrión, poco a poco, se estaba muriendo. Una mañana se despertó muy temprano, ...pero su gorrión ya estaba muerto.
Fue a la cocina, allí estaban sus padres. Llevaba una caja de galletas; y dentro de aquella caja a su gorrión.
Asier lloraba. No hizo falta mucho, para que primero ella y después él, vieran en sus ojos lo que aquel día había muerto...
Toda la semana la pasó Asier triste por la muerte de su gorrión. Era sólo un gorrión, un pequeño gorrión. También él era sólo un niño:
A los gorriones lo que les asusta no es lo que hay dentro de la caja. Sino lo que no hay.
Título: El gorrión
Autor: Roberto Gutiérrez
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